Cuando vives en Mallorca, tarde o temprano te conviertes en guía turístico. Llegan los padres, los amigos de siempre, los hijos con su pareja, y de repente eres tú quien decide qué merece la pena enseñar de la isla. Y ahí descubres una cosa: la Mallorca de las excursiones —la de los monumentos, las cuevas, los miradores y el tren de madera— no es la de las vacaciones. Es la que aprendes a...